Investigación Social

 

Entre medir y comprender

El 16 de febrero llegué aproximadamente cinco minutos tarde a mi clase de Investigación Social. Afortunadamente, cuando entré al aula el profesor aún estaba organizando todo para comenzar, así que no interrumpí la sesión. En ese momento comprendí algo importante: no debía quedarme a hablar con mi hermana porque fue la razón de mi retraso. Me senté rápidamente, saqué mis cosas y me dispuse a iniciar con toda la atención y la mejor actitud.

Como todos los lunes, el profesor comenzó preguntando quiénes querían que leyeran su bitácora. Levanté la mano, pero dos compañeros fueron más rápidos que yo. Espero que en la próxima sesión pueda ser más rápida; si justamente están leyendo esta bitácora en clase, significa que logré ser más rápida y merezco un aplauso, pero si no, será en otra oportunidad.

El profesor mencionó que en la asignatura tenemos un ritual: leer las bitácoras al inicio de cada clase. Luego nos pidió buscar en ChatGPT o en cualquier inteligencia artificial la respuesta a la pregunta: ¿cuál es la importancia de los rituales? Comprendí que los rituales le dan sentido, estructura y profundidad a la vida. No son simples costumbres repetidas, sino acciones cargadas de significado que organizan nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestra identidad.

En mi participación compartí una idea que me pareció muy interesante: los rituales ayudan a construir identidad porque marcan etapas y transiciones importantes, como pasar de estudiante a profesional, de inicio a cierre o, en mi caso, de niña a mujer. A partir de esta reflexión me pregunté cuál sería mi propio ritual. Sin duda, el mío es que todos los viernes procuro dejar libre mi horario para viajar y visitar a mi familia.

Yo soy de Ubaté, pero por cuestiones de distancia me mudé a Cajicá a vivir con mi hermana, y ya llevo más de dos años allí. Cada viernes regreso a Ubaté para ver a mis padres y compartir con ellos. Ese espacio se ha convertido en una recarga emocional que me da energía para iniciar la semana. Entendí que no es solo un viaje, sino un ritual personal que fortalece mi identidad y mis vínculos familiares.

Después leímos las bitácoras de algunos compañeros. Fueron muy interesantes porque aportan a la formación y al aprendizaje, ya que permiten recordar la clase desde distintas perspectivas. Gracias a esto comprendí que, aunque compartimos el mismo espacio, cada uno vive y entiende la experiencia de manera diferente. Las bitácoras se convierten entonces en una herramienta para ampliar nuestra mirada y fortalecer la memoria colectiva del grupo.

Posteriormente, el profesor explicó el enfoque de la investigación. Señaló que son las maneras en que se aborda un problema para producir conocimiento, y que se dividen principalmente en dos: el enfoque cualitativo y el cuantitativo. El cualitativo se centra en comprender significados, experiencias y percepciones; el cuantitativo, en cambio, se basa en la medición numérica y el análisis estadístico. Esta diferencia puede observarse claramente en la imagen presentada como Figura 1, donde el análisis cuantitativo se representa con gráficos y datos asociados al pensamiento lógico, mientras el cualitativo aparece relacionado con emociones y percepciones humanas. La ilustración permite entender visualmente que uno se orienta a medir y el otro a comprender.

                                                                              Figura 1

Para reforzar el tema, realizamos un ejercicio en parejas donde debíamos identificar diez diferencias entre ambos enfoques y hacer una presentación con imágenes en veinte minutos. Trabajé con mi compañera Luna, a quien conocí el segundo día de clase y con quien he logrado una muy buena conexión. Nos entendemos y trabajamos muy bien.

Identificamos diferencias importantes. Comprendimos que el enfoque cualitativo es flexible, inductivo y experiencial; busca comprender la realidad desde el contexto y la vivencia de las personas. En cambio, el enfoque cuantitativo es estructurado, deductivo y objetivo; se centra en medir fenómenos y analizar resultados para establecer patrones generales.

Además, al observar los videos enviados por el profesor comprendí aspectos que van más allá de lo explicado en clase. Entendí que cada enfoque no solo utiliza técnicas distintas, sino que construye una manera diferente de mirar la realidad. El enfoque cuantitativo tiende a simplificar los fenómenos para poder medirlos, transformando experiencias complejas en variables concretas que puedan compararse y organizarse. Esto permite identificar tendencias amplias, pero también implica dejar por fuera ciertos matices individuales. En contraste, el enfoque cualitativo no intenta reducir la realidad, sino explorar su complejidad, reconociendo que los fenómenos sociales están profundamente ligados al contexto cultural, histórico y emocional.

También comprendí que el proceso investigativo cambia según el enfoque. En la investigación cuantitativa el diseño suele establecerse desde el inicio y seguir una estructura definida. En cambio, en la investigación cualitativa el proceso puede modificarse a medida que avanza, permitiendo replantear preguntas o profundizar en aspectos inesperados que surgen durante el trabajo de campo. Esto me hizo entender que investigar no siempre significa seguir un camino rígido, sino que en algunos casos implica apertura y capacidad de adaptación.

Finalmente, reflexioné que ambos enfoques producen tipos de conocimiento diferentes: el cuantitativo genera una visión panorámica y generalizable de la realidad, mientras el cualitativo ofrece una comprensión profunda y situada. Lejos de competir, se complementan y permiten una comprensión más integral de los fenómenos sociales.

Después de este ejercicio, el profesor realizó un quiz en la plataforma Blooket para evaluar si habíamos entendido el tema. Claramente trabajé con Luna. Sentíamos nervios porque podían robarnos puntos, pero comenzamos con actitud positiva. Aunque al inicio perdimos algunos puntos, no dejamos de reírnos. En un momento creímos que quedaríamos en los últimos lugares, pero respondimos con seguridad, recuperamos puntos y finalmente quedamos en tercer lugar del podio. Terminamos muy felices y orgullosas de nuestro trabajo en equipo.

A partir de todo lo aprendido surgió en mí una pregunta que podría convertirse en un tema de investigación: ¿de qué manera los rituales personales influyen en el bienestar emocional y en el rendimiento académico de los estudiantes? Considero que esta pregunta podría abordarse tanto desde una perspectiva cuantitativa, midiendo niveles de bienestar y desempeño, como desde una cualitativa, comprendiendo las experiencias individuales de los estudiantes.

Esta clase me permitió comprender que la investigación no es solo teoría, sino una herramienta para interpretar el mundo. Aprendí que los rituales fortalecen nuestra identidad y organizan nuestra vida, y que el conocimiento científico puede construirse desde diferentes caminos. Además, confirmé que el aprendizaje se fortalece cuando trabajamos en equipo y compartimos perspectivas, porque cada experiencia aporta algo valioso al conocimiento colectivo. Esta fue mi bitácora de la clase. Muchas gracias por la lectura y hasta la próxima sesión.

 


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